Escritos de San Juan de Ávila: Buscar y hallar a Cristo. Epifanía.

San Juan de Ávila nos propone en esta ocasión imitar a los Reyes Magos y seguir la estrella que nos guíe a Jesucristo.  ¡Vámonos con los Reyes!

Sermón 5 [2]. En Obras Completas, BAC (2000), vol III, pp. 86- 95

 Epifanía.

  1. Ya había llamado a los pastores, y parecíale a Jesucristo que estaba mucho sin llamar a otra gente; por eso llamó luego a los reyes. Si a los pastores, que eran fieles, envía un ángel intelectual, a los Reyes infieles les envía una estrella insensible. Allá apareció en Persia, al oriente de Hierusalén. Pues ahora, fuese por la gran misericordia de Dios, que les quiso hacer estar esperando la estrella dende que Balán la profetizó (cf. Núm 24,17), o por haberlo Dios mostrado ansí como nació, la verdad es que vieron la estrella. San Mateo lo dice ansí: Vieron los Magos la estrella (cf. Mt 2,2). «Magos» no quiere decir encantadores; «magos» quiere decir en lengua persia sabio; dícense reyes porque regían entonces sabios o porque quizá serían reyes pequeños. Esta estrella no era de las que están firmes en el firmamento, ni estaba en esotros cielos de los planetas; más baja estaba que todas, no se movía con las otras, movimiento tenía particular y lumbre particular. En lo que significaba lo veréis; significa la lumbre y conocimiento de la fe. Este conocimiento no anda con otros conocimientos. El conocimiento en que conozco que debajo de los accidentes del pan y del vino está Jesucristo no es como los otros, sino sacaldo por razón natural. ¿Qué dice esta estrella?: «El Salvador es nacido». Esto no lo alcanza a saber el astrólogo. Venla resplandecer en esos aires; pegaba tanto placer con su resplandor que, certificados de lo que significaba, aparejan para su camino; no tan gran aparato como para reyes, un aparato mediano, como de caminantes, pero venían bien proveídos de oro, encienso, mirra. El incienso no era, como pensaban algunos, porque no oliera mal el establo donde estaban, que, si eso fuera, no se pusiera en Escritura como presente de rey. Traían gran cantidad de ello.

 

  1. Vámonos ahora con los Reyes, pues tenemos estrella como ellos, y adoremos al que van a adorar ellos, porque, si no andamos en su demanda, moriremos. Un rey mandó pregonar: «Si alguno no buscare al Señor, muera por ello». ¡Quién viese algún rey que esto mandase! La vida nos va en irnos con estos Reyes a buscar a Dios. San Bernardo dice que el mayor negocio del cristiano ha de ser herido [sic] buscando a Dios; y quien no lo busca ansí, poco tiene de bienes espirituales. Dadme un alma deseosa de Dios, que no le inclina[n] ni riquezas, ni honra, ni cosa del mundo: ésta va con los reyes. No hay cosa que más me desmaye ni que más me haga caer la faz de vergüenza que ver el amor con que me buscaste y el descuido con que yo te busco. Buscásteme tú, Señor, como si te fuera la vida en buscarme, y huyo de ti, como si me fuera la muerte en hallarte; siendo al revés, que buscándome tú hallaste la muerte, y hallándote yo, hallo la vida. Mira lo que hizo por ti y lo que padeció por ti. ¡Que las munchas aguas de los trabajos no pudieron apagar el fuego de su caridad (cf. Cant 8,7) y que yo me esté tan sin respecto y tan sin cuidado de esto, como si no hubiera venido a buscarme! ¡Qué bien lo sintió San Pablo, que dijo: Si alguno no amare a Nuestro Señor Jesucristo, sea maldito (1 Cor 16,22), porque ya ha venido nuestro Señor! No es de cristiano que, habiendo ya Dios venido, tú no le ames. Antes que viniera no era de maravillar que tú no le amases, porque la condición del hombre es tan libre y generosa que aun a Dios no amara si no viese que Dios le ama; y ésa fue la causa que disimuló Dios su poder y su saber por mostrar a los hombres su amor; mas, después de haber venido, dice Pablo: Si alguno no ama a nuestro Señor Jesucristo, sea maldito, porque ya ha venido el Señor. Vámonos con los Reyes, pues, a buscar al Señor.

Adoración de los Reyes Magos. Francisco Rizi.Hacia 1663. Óleo sobre lienzo, 207 x 283 cm.

Fuente: http://sanjuandeavilaconferenciaepiscopal.es/

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