El lunes 8 de junio de 2026 se produjo el Encuentro con el Papa León IV en el estadio Santiago Bernabéu. No hay que decir nada más pues los testimonios hablan por sí solos.
Impresionante… es la palabra que me sale a mí misma y la que más he oído en todos los que asistieron al Encuentro con el Papa en el Bernabéu.
Os puedo contar que es impresionante estar rodeada (yo estaba bastante cerca del escenario) de 70.000 personas esperando al Santo Padre. Aún más impresionante que las 70.000 personas se vieran felices bailando con los ritmos que ponía DJ Pulpo y abrazando al de al lado. Yo abracé a Inés, a la que tuve que preguntar el nombre porque no la conocía.
El coro de mil personas, que realmente tenía 70.000 pues el director nos interpelaba a todos, y ¡sorpresa! sonaba de maravilla.
No voy a poder contarlo todo… la procesión de la Virgen de la Almudena y del Cristo de Medinaceli, cortas en recorrido, pero intensas como ellas solas, algún costalero dejaba escapar una lágrima pero muchos de los que mirábamos extasiados lo hacíamos con el corazón encogido y emocionados como ellos…. Impresionante.
Y llegó el Papa y su expresión, su mirada y sus ojos ya merecieron la espera pero no era todo el Papa nos animó a ‘cantar juntos’ y parecía que me lo estaba diciendo a mi…. Impresionante. … ¿Cantamos?
Isabel
Todavía estamos intentando aterrizar el conjunto de emociones que se despertaron, súbitamente, el lunes 8 de junio, cuando nos encontramos sentados en el estrado principal del Bernabéu donde, ¡en tan solo un par de horas!, llegaría el Santo Padre. Cuando nos decían «vais a estar muy cerca» nunca imaginamos que iba a ser a tan sólo dos o tres pasos de él.
Mirarle a los ojos y ver ese rostro tímido pero lleno de serenidad y del Espíritu Santo, nos hizo caer en la cuenta de que estamos delante del sucesor de Pedro. En mi cabeza se agolpaba esa idea una y otra vez mientras le miraba intentando no perder ninguno de los instantes que allí estábamos viviendo.
Cuando comenzó su discurso, casi podíamos leer, lo que ponía en esas hojas que sostenía y leía con un español perfecto. Ninguna de sus reflexiones caía en saco roto. Todo el estadio escuchaba con atención y silencio. «¡nada os turbe!, ¡nada os espante!», nos exhortó, dirigiendo sus palabras a una sociedad «hambrienta de justicia y sedienta de verdad». Aunque podríamos seguir escribiendo durante horas, el Papa León XIV nos transmitió el amor con el que nos debemos acercar y unir a los demás, siendo ese el mejor lenguaje con el que hacer sentir a los demás “como en casa”.
Nuria y Tomas.
La visita del Santo Padre ha sido un auténtico regalo para nuestra familia. Además, ha tenido un significado muy especial porque ha sido el primer gran encuentro eclesial que hemos vivido junto a nuestros hijos, una experiencia que recordaremos siempre.
Todo comenzó el domingo, participando en la Eucaristía. A pesar del intenso calor, nos acompañaba la alegría de sabernos parte de la Iglesia y de poder acompañar al Santo Padre. Se respiraba un maravilloso ambiente de comunión. El Espíritu Santo estaba presente entre todos los que, unidos con una sola voz y un solo corazón, participamos en la celebración de la solemnidad del Corpus Christi. Fue también un precioso momento de convivencia y fraternidad junto a nuestra querida comunidad de San Juan de Ávila.
Más tarde, la Divina Providencia dispuso que el 8 de junio, día en que celebrábamos nuestro décimo tercer aniversario de matrimonio, pudiéramos hacerlo participando en el encuentro del Santo Padre con la Iglesia diocesana de Madrid. Desde el primer momento fuimos descubriendo pequeños regalos de Dios por todas partes. En el Bernabéu disfrutamos de un ambiente precioso: una Iglesia viva, cercana y alegre, que acogía al Santo Padre con un entusiasmo y un cariño desbordantes. Vivimos momentos de gran emoción que nos hicieron sentir profundamente agradecidos y afortunados de pertenecer a esta gran familia que es la Iglesia.
Y, después de una jornada tan especial, llegó un momento que jamás olvidaremos. Cuando el Santo Padre pasó junto a nuestra zona, tuvo el detalle de detenerse allí. Conseguimos acercarnos entre la multitud y entregarle nuestro cuento, «De mamá al Cielo», junto con una carta en la que le explicábamos nuestro proyecto. Fue una gracia inmensa y un regalo que guardaremos siempre en el corazón.
Las palabras del Santo Padre también han calado profundamente en nuestro corazón. Sentimos que merece la pena volver una y otra vez sobre ellas, meditarlas y dejarlas reposar para que puedan dar fruto en nuestra vida. Entre los muchos mensajes que nos regaló, nos quedamos especialmente con su firme defensa de la vida, su llamada a construir la paz frente a toda división, su reivindicación de la dignidad y el valor de lo humano, y su invitación a alzar la mirada hacia Jesucristo.
Solo podemos dar gracias por estos días de gracia y bendición, y repetir las palabras del salmo: «El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres».
Alex y Laura
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