Los jóvenes universitarios han estado de convivencia entre el 17 y el 22 de julio de 2026 acompañados de nuestros sacerdotes y de nuestra consagrada Rebeca.
Han querido compartir sus experiencias con toda la comunidad parroquial a traves de sus testimonios y de un montón de fotos.
¡Muchas gracias por compartir vuestras vivencias y por seguir al Señor!
La convivencia con el grupo ha sido una experiencia inolvidable.
A nivel espiritual me ha ayudado a acercarme a Dios con las oraciones matutinas, vespertinas y la misa diarias. Además ver la manera en que los demás se relacionan con el Señor te inspira a llevar tu relación con Él a un nivel más profundo. La visita a las monjas de Cantalapiedra ha sido también un ‘chute ‘de espiritualidad, pues ves su alegría en la vida que han elegido de entrega al Señor.
A nivel humano, el hecho de convivir con otras personas que no conoces tanto te ayuda a mejorar en la relación con los demás, y en parte contigo mismo, porque te hacen ver con su manera de ser y de actuar tus propios defectos. He conocido a gente increíble, y he podido intimar con aquellos a quienes ya conocía. En conclusión, espectacular este viaje.
Pablo.
Hola, me llamo Juan, soy un chico de 18 años y fui invitado a esta convivencia uniéndome al grupo de un amigo mío. Él y yo éramos los únicos de nuestra edad en un grupo de 20, en resto habían acabado ya la universidad por lo que el choque de edad era raro. Lo que más me sorprendió fue la cálida acogida que nos dieron, en ningún momento me sentí apartado o excluido del grupo.
Respecto al plan, era perfecto, una semana en la montaña y en una unión cercana a Cristo. Descansamos, hicimos senderismo e incluso barranquismo, pero con lo que me quedo no es con eso sino con las risas en los entretiempos, con el cantar en la cocina, las comidas tamaño familiar o mirar las estrellas juntos.
No sabía muy bien que esperar de este viaje, pero me llevo amigos, recuerdos y la cercanía a Cristo que da el estar viviendo con Él como uno más del grupo.
Juan
Puedo decir que ha sido una convivencia muy memorable. Han sido unos días muy bonitos en comunidad, de compartir, reír, caminar juntos, de ayudarnos los unos a los otros y, sobre todo, no he dejado de ver a Dios en cada rato del día.
He podido descubrir a Dios en la forma de entrega de cada uno: en estar pendientes de los demás, en ofrecer ayuda incluso antes de que alguien la pidiera y en esos gestos de servicio que hacen que la convivencia sea más fácil para todos. Me ha venido mucho a la cabeza esa frase de Jesús: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”. Y durante estos días he podido ver ese amor en la entrega de cada persona, en cómo, a pesar de estar todos cansados, siempre había alguien dispuesto a darte un empujón, a animarte y a acompañarte en tu cansancio, aunque él también estuviera agotado. He visto a Dios en el cansancio compartido después de cada caminata, en las conversaciones del camino, en las risas y en la alegría con la que seguíamos caminando juntos.
Y, sobre todo, la buena noticia que me llevo de esta convivencia es que ¡has sido llamado para algo grande! Y que, incluso en los momentos de cansancio o dificultad, nunca camino sola. Porque durante estos días también lo he podido experimentar en las caminatas: aunque hubiera momentos en los que las fuerzas faltaban, siempre había alguien caminando a tu lado, alguien que te esperaba, que te animaba o que te ayudaba a seguir adelante. Y eso me ha recordado que en la vida Dios nunca nos deja solos, sino que siempre está ahí caminando a nuestro lado y se hace presente a través de las personas que pone en nuestro camino.
María.
Este retiro en Picos ha llegado en el momento perfecto, después de unos meses de mucho estrés. Me ha servido para desconectar, parar un poco y centrarme en lo realmente importante. Lo que más me llevo es haber compartido estos días con mis compañeros. Hemos pasado muy buenos momentos juntos y siento que nuestra amistad ha salido mucho más reforzada.
Pero, sin duda, lo más especial ha sido sentir la presencia de Dios entre nosotros: en la Eucaristía, en el altar y también en cada conversación, cada rato compartido y cada momento del retiro. Me voy con el corazón lleno y muy agradecida por todo lo vivido.
Carmen.
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